Desmemoriada Lola:
En tu carta me tachas de obsesivo, de tener doble personalidad, de presumir de lo que no tengo y de un sin fin de lindezas, olvidándo algunas experiencias del pasado que desmienten tus irónicas afirmaciones. Creo que has sido exagerádamente cruel conmigo y demasiado indulgente contigo; lo que dice poco a tu favor, al tiempo que confirma mis sospechas sobre tus perturbaciones emotivas y, en concreto, con lo que Babinski, en el Midtown Manhattan Study, llama HISTERIA DE CONVERSION (que tu, como psiquiatra, habras estudiado), patología cuyos síntomas, entre otros (y cito textualmente) : Pensamiento imaginário, sueños, pérdida de contacto con la realidad, incapacidad de reaccionar normalmente desde el punto de vita sexual, frigidez ocasional y, (el más importante porque refuerza mi análisis),... los lazos emotivos son algunas veces negativos y engendran el rencor contra personas que el paciente ha amado, pudiéndo perder la memoria de acontecimientos pasados...>.
A propósito de esto, debo recordarte un episódio menor que puede resultar esclarecedor: Jugábamos los tres una partida de Trivial y, al terminar, mi hermano Juanjo se marchó con el perro que habia en casa de mis padres a darle su paseo habitual. Nos quedamos tu y yo sólos en el sofá del salón, apurándo el último sorbo de un cubata. Hubo miradas de complicidad y, sin mediar palabra, en unos segundos, estábamos besándonos apasionádamente. LO HICIMOS. No he podido olvidar ese momento tan intenso ni, por supuesto, tu breve frase, entre multiples gemidos: ¡Qué grande la tienes, cabrón!.
Besos obsesivos. Maxi
P.D.. Comparada ¿con cuantos?, Lola. Por cierto, ¡ qué bien tocas el píano!
1 comentario:
Creo que voy a tener que zanjar este tema ya.. jajaja a ver si te dejo sin posibles argumentos ... :P
Publicar un comentario